Un trabajo de verdad

Gabriela GrandeA los 18 años empecé mi carrera de publicidad en Buenos Aires.

Me resultó muy duro al principio porque nunca fui una buena estudiante pero pronto me di cuenta que sí era capaz y no tardé en meterme de lleno en mi objetivo.

Cuando cursaba segundo año me enteré de la existencia de una “escuela de gimnasia” (EGPE).

http://www.escuelasegpe.com.ar/

Era un programa de dos años donde te enseñaban a ser profe de clases colectivas y ¡entrenadora personal!.

Me volví loca de la emoción. Me fascinaba la idea de saber qué se escondía “detrás del telón” y de tener todas las herramientas necesarias para poder ser mi propia entrenadora.

Porque de ninguna manera me iba a dedicar a “eso”profesionalmente, se trataría sólo de un hobby.

Casi como una verdadera malabarista profesional compaginé los libros de semiología, lingüística y sociología con los de anatomía, fisiología y análisis del movimiento.

El tiempo pasó volando y la hora de examinarse había llegado. Tenía que, entre otras cosas, dar una clase de aeróbic y step.

Visto desde afuera parecía muy sencillo dar una clase  pero cuando estás “del otro lado” te das cuenta que ¡no lo es!.

Para empezar tienes que diseñar la coreografía, memorizarla, controlar perfectamente la música, dar indicaciones claras y precisas para que un montón de personas hagan exactamente lo que tú quieres.

Mientras te estás moviendo y teniendo cuidado de entrar en el primer BEAT de la música estás también hablando, gesticulando e intentando transmitir energía.

Todo a la vez. ¡HORROR!.

Tenía que prepararme muy bien. Quería subir a esa tarima tranquila y muy segura.

Necesitaba practicar con personas de carne y hueso. Indicar unos pasos de aerobic o step  a mi propia sombra no me parecía muy efectivo.

Así que le pedí a mi mamá y a mi hermana que se hicieran pasar por mis alumnas.

Gabriela GrandeMás tarde se unieron las cuñadas de mi hermana y las amigas de mi mamá y finalmente terminé montando mi propio gimnasio.

Menudo disgusto se llevó mi madre cuando se dio cuenta que yo, su hijita pequeña,  no iba a tener un “trabajo de verdad”, esos de 8 horas en una oficina delante de un ordenador, porque lo que quería entonces y lo que aún sigo queriendo es ser una entrenadora personal.

 

 

4 comentarios en “Un trabajo de verdad

  1. Amiga del alma, te conozco desde hace 25 años y conozco de tu crecimiento. Sabes cuanto te admiro por haber logrado cada una de las cosas que te propusiste. Pareciera que el NO en tu vida no existe , si lo quieres , lo logras, y eso es lo que transmites a tus alumnas, por eso quien te conoce te elige, como profesional y como amiga . Te quiero !!!!!

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  2. Gaby que lindo , saber que haces lo que te gusta , mi papa tambien me dijo porque no estudias algo de verdad , y aca esta tu alumna , haciendo carteras de verdad , laburando mil horas de verdad y disfrutandolo de verdad,
    Me acurdo ir con mi panza de 8 meses a tus clases, eso si que es elegirte en una cita a ciegas.
    Te quiero y me encanta verte crecer, te lo mereces y mucho.
    Beso gigante
    MARIA PUYAL.

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