La sopa de Mafalda

Gabriela GrandeMafalda ODIA la sopa más que a nada en éste mundo.

Cada vez que su madre aparece en escena con el plato se producen un sin fin de intentos, por parte de la niña, de LIBRARSE.

Lo mismo le ocurre a mi alumna cada vez que llega el día de la “clase odiosa”.

En una de sus tres sesiones semanales le toca hacer ejercicios que ¡no le gustan nada!, pero que tiene y debe hacer.

Se trata de “fondos”, “abdominales” y “sentadillas”. También trabajamos el equilibrio, el control, la postura y la concentración.

Yo sé que esos ejercicios son buenos para mi alumna (y ella, a regañadientes, también lo sabe).

Así que a pesar de sus “insultos” y sus “caras”, las dos acabamos la clase satisfechas porque sabemos que lo que nos hace “crecer” y evolucionar no siempre está en nuestro “plato favorito”.

 

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